Estrés y alimentación

salad-19372_640Es un martes al mediodía y estoy en un restaurante esperando a que me sirvan lo que acabo de pedir para comer. Mientras espero, miro a mi alrededor. Es un espacio acogedor que invita a disfrutar de la propia compañía. La mayoría de las mesas son pequeñas y están ocupadas por una sola persona. Imagino que se están tomando un descanso en su jornada laboral para comer. Aunque la mayoría están solos, llega hasta mi el sonido de sus voces: varios de ellos están hablando por teléfono. En mis años universitarios, recuerdo que mi profesora de Antropología Cognitiva dijo una vez que una de las cosas que identificaba a sus estudiantes era la curiosidad por la conducta humana. Yo no he perdido esa curiosidad y, mientras espero, despiertan mi interés muchas cosas del contexto en que me encuentro: la mayoría de las personas que están comiendo allí, sostienen en una mano el móvil mientras comen con la otra. Algunas, además, tienen sobre la mesa papeles o tablets que parecen jugar un papel importante en lo que están diciendo. A lo lejos, veo una persona que tiene sobre la mesa su portátil abierto, con la mirada fija en la pantalla. Todos comen bastante deprisa y varios de ellos mastican y hablan al mismo tiempo. Ninguna de esas personas parece prestar atención a lo que está comiendo o al hecho mismo de comer. Si yo acabase de aterrizar en este lugar viniendo de otro planeta y no hubiese visto nunca un restaurante, creo que lo que más llamaría mi atención es que en el momento de comer, nadie está SÓLO comiendo.

Lo que estoy observando es algo que suele repetirse en el día a día de muchos de nosotros. Habitualmente, nos movemos en el ámbito de la multitarea y nuestra atención se va con frecuencia del momento presente para viajar por el pasado o visitar el futuro. La mente tiene esa capacidad y esa es una de nuestras fortalezas pero, cuando se convierte en la forma habitual de desfocalización de la atención, provoca desgaste y ese desgaste es el estrés. El hecho de no prestar atención al momento presente y viajar a toda velocidad por el tiempo provoca, como mínimo, dos problemas: nuestro sistema trabaja a pleno rendimiento de forma continuada y nos desconectamos de la vida puesto que sólo podemos vivir en el presente.

El estrés ha sido una respuesta evolutiva que nos ha salvado de muchos peligros y nos ha permitido llegar hasta aquí posibilitando, por ejemplo, que nuestras piernas nos alejasen de animales más fuertes que nosotros en formas de vida más primitivas que la actual. El problema es que seguimos activando el mismo sistema de emergencia cuando percibimos alguna amenaza a nuestro bienestar. Reaccionamos de la misma forma a la percepción de peligro (aunque ese peligro sólo esté en nuestra mente) pero la huida o el ataque ya no es siempre la mejor respuesta adaptativa y necesitamos una mayor consciencia de lo que está ocurriendo para que no se dispare la misma respuesta automática que permitió a nuestros antepasados salvar la vida cuando, por ejemplo, eran perseguidos por un animal enorme.

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Es importante asumir que nuestro equilibrio se va a ver amenazado con relativa frecuencia (aunque no nos persigan ya animales del Paleolítico) ya que en la vida, si algo permanece, es el cambio.

life-time-459224_640La prisa no es, en la mayoría de las situaciones, la mejor respuesta para los problemas actuales aunque, cuando se nos dispara el piloto automático, no nos damos cuenta de ello. Es importante tener en cuenta que una mente estresada no da buenas respuestas adaptativas sino que, más bien, las respuestas que da acaban convirtiéndose en causas de estrés. Un ejemplo de ello es la mala alimentación como daño colateral del estrés. Vamos a presentar algunas pinceladas interesantes sobre la relación entre estrés y alimentación: una cebra que huye para salvar la vida o una persona que escapa corriendo de un león en un entorno muy distinto al nuestro, ni piensa en la comida ya que su vida depende, en ese momento, de sus piernas y su cuerpo activa el sistema de emergencia que posibilite salvar la vida. Estaremos de acuerdo en que pararse a comer en esa situación de emergencia no sería muy adaptativo. Es interesante darse cuenta de que el mecanismo de emergencia es el mismo ante el peligro de un animal enorme que te persigue que ante cualquier “animal mental” es decir, ante cualquier percepción de peligro. Cuando sentimos que nuestra capacidad de respuesta no es suficiente para atender a lo que percibimos como demandas del entorno se nos activa el mismo mecanismo de emergencia. Por eso, perdemos el apetito cuando estamos estresados. Sin embargo, también hay personas que manifiestan comer “cualquier cosa” aunque no tengan hambre cuando están bajo los efectos del estrés. Algunos estudios hablan de que el estrés convierte en hiperfágicas (comen más) a 2/3 de las personas mientras que tiene el efecto contrario en 1/3 de ellas. También se ha observado que las personas hiperfágicas por estrés parecen desarrollar más inclinación por los carbohidratos aunque no está del todo claro si esta “preferencia” es fisiológica o sociológica si tenemos en cuenta que los alimentos ricos en carbohidratos suelen ser más rápidos de preparar.

Lo que sí está claro es que el estrés influye en la alimentación y no precisamente para hacerla más saludable.

Como hemos visto, bajo estrés, actuamos con prisa y con dispersión de la atención lo cual nos lleva a alimentarnos desconectados del proceso de comer y, como consecuencia, también desconectamos de las sensaciones corporales. Esto tiene tres efectos básicos sobre la alimentación:

  • Activación de pilotos automáticos (repetición de patrones antiguos de alimentación)
  • Confusión hambre – sentimientos (al vivir desconectados del cuerpo no diferenciamos entre las sensaciones emocionales y el hambre con lo cual respondemos de forma incorrecta a las emociones)
  • Desconexión del momento: mientras la mente viaja (pasado-futuro) desconectamos del momento presente e ingerimos los alimentos sin prestar atención a lo que hacemos lo cual provoca que engullamos más allá de nuestras necesidades porque, desconectados de las sensaciones en el estómago, no somos conscientes de cuándo nuestro cuerpo nos está diciendo que ya es suficiente.

Por eso, prestar atención a lo que comemos y a las sensaciones corporales forma parte del proceso educacional diseñado por el Departamento de Coaching en los diferentes métodos de Pronokal Group.

Es importante ser consciente de que las soluciones repetitivas no son necesariamente adaptativas. Bajo estrés, las respuestas no adaptativas se convierten en estresores (fuentes de estrés) cerrando el círculo vicioso estrés –alimentación (convirtiéndose mutuamente en causa y consecuencia el uno del otro) Esto pasa factura y el precio puede ser alto. ¿La solución?: empezar por ralentizar el ritmo de vida y comer de forma más consciente.

 


 

pilarPilar Morales es didacta de la Asociación Española de PNL (AEPNL),  Certificada como coach por la AEPNL e internacionalmente por John Grinder y Joseph O’Connor. Complementariamente se ha formado con Robert Dilts, Stephen Gilligan, Richard Bandler y Gabriel Guerrero, entre otros. Es la única didacta de España que ha sido docente colaboradora en Certificaciones de Coaching y de PNL con John Grinder y Carmen Bostic. Es Especialista en Psicoterapia e Hipnosis Ericksoniana (Instituto Erickson) Es Instructora acreditada de programas MBSR (Mindfulness para la gestión y reducción del estrés) Es profesora titulada de Biodanza, licenciada en Historia y post-graduada en teoría y crítica del teatro. Es socia directora de Adaptic Solutions, SL. Es la responsable del Departamento de Coaching de la multinacional Pronokal®Group

 

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