Nuevo libro de
Pilar Morales

Como te quiero yo

En VENTA en Diciembre de 2016

Resumen

Este libro es un canto al amor y a la vida, acogiendo las alegrías y las tristezas, las luces y las sombras como parte de lo que es vivir. Cuando María se acerca a los 18 años, su tía empieza a ordenar las notas que ha ido tomando a lo largo de muchos años para ofrecérselas de regalo de cumpleaños, como una recopilación de preciosos instantes de vida. Igual que los pueblos primitivos visten de ritual sagrado las transiciones de la existencia, estas páginas son como una danza sagrada de transición a la vida adulta. Como las pinceladas de un cuadro impresionista, la autora narra fragmentos de vida compartidos con su sobrina desde que nació y también sus propias vivencias y aprendizajes que han alimentado un convencimiento antiguo: que no hay fuerza más grande que el amor.

María le dice un día a su tía que crecer "ha sido como salir de una burbuja" y duda de que la burbuja de su infancia y del universo maravilloso que compartieron haya existido de verdad al ser tan diferente del mundo externo que ha conocido al hacerse mayor. Estas páginas son también una respuesta a esta duda. Seguramente, dice la autora, al final de la vida descubrimos que, en realidad, sólo existe la burbuja porque, al final, sólo quedará el amor.

Hoy...

6 de febrero de 2013...

Cuando empecé este regalo para ti, me parecía que quedaba toda una vida hasta que llegase el día de entregártelo y, sin embargo, ya ha llegado el momento. Quizás, después de todo, toda una vida no es tanto tiempo.

Hoy hace dieciocho años que el mundo se convirtió en un lugar mejor con tu llegada. Hace dieciocho años que mi mundo se llenó de una luz nueva que no ha dejado de acompañarme ni un solo instante.

El día de Reyes del año pasado, me sorprendiste haciéndome un regalo muy parecido al que recibes hoy. Tú también habías detenido el tiempo con una selección de fotografías nuestras, desde tus primeros años de vida hasta el presente y, entre las imágenes, habías puesto preciosas palabras para mí, escritas desde el corazón… igual que yo he escrito estas.

Hace muchos años, empecé a capturar instantes de tiempo para que no cayesen nunca en el pozo sin fondo del olvido. Mientras lo hacía, sentía muy mías las palabras del poeta que descubrí en mi adolescencia:

“Aquel que a ningún momento le dijo “Párate”

si no al mismo que le trajo la muerte,

yo no le entiendo, Señor, yo que querría,

detener tantos momentos de cada día

para hacerlos eternos dentro de mi corazón”([i])

Este libro está hecho de esos momentos de eternidad que he guardado en mi corazón, en mi memoria y en las notas acumuladas, como tesoros, a lo largo de todos estos años.

Hoy hace un año que empecé a recopilar y ordenar los textos, frases y palabras que tenía repartidos en diferentes libretas, hojas y documentos word…

Las primeras notas están escritas en la libreta que tengo ahora en mis manos. Es una libreta pequeña de color verde, como era tu gorra de jardinera que te ponías cada día para bajar al parque. Toco sus tapas duras y cierro los ojos.  El tiempo empieza a hacer marcha atrás y viajo a través de momentos maravillosos donde la vida es bellísima y el viento refresca los recuerdos… Mis manos abren la libreta y es como abrir las ventanas de la memoria y dejar que un sol cálido me acaricie el alma. Toco las primeras letras con mi dedo como si quisiera acariciar el recuerdo:

“Lunes, día 3 de marzo de 1997…” Con la primera frase, ya me nace una sonrisa y vuelvo a estar allí, entrando en el parque de tu infancia, una mañana soleada de un lunes precioso… Tú y yo, las primeras del parque, como cada día. Leo lentamente, con el deseo de degustar cada instante protegido en esta pequeña libreta que he guardado, como un tesoro, durante tantos años… Son notas breves: tú no me dejabas mucho tiempo para tomarlas porque yo formaba parte de tus juegos y de tus conversaciones con aquella media lengua tan graciosa que tenías y que, con no muchas palabras, te hacía perfectamente capaz de expresar pensamientos y sentimientos y, muy especialmente, tu deseo de libertad que ya te acompañó desde que eras muy pequeña. Cuando yo abría la libreta, tú, que estabas entretenida jugando con la arena del parque o con algún juguete, me mirabas y nos sonreíamos. Cuando llevaba unas pocas frases escritas, escuchaba tu vocecita diciendo: “Tieta” y entonces sabía que se había acabado el tiempo de redacción porque después del “tieta” venía una invitación a jugar o a ir juntas a la fuente a buscar agua para hacer figuritas con los moldes, o ya veía tu cubo lleno de tierra y preparado para hundir mis bambas bajo su lluvia que era una de tus diversiones preferidas o una petición de canción… Son notas breves que me trasladan en el tiempo a unos instantes maravillosos, llenos de colores… instantes azules como la infancia, dorados como el sol que acariciaba nuestros juegos y risas, rojos como tu color preferido en aquella época, verdes como tu gorra de jardinera y como la libreta donde fui recogiendo el tiempo para que no se perdiese en los rincones de la memoria…

Me adentro con emoción en las notas de aquel día 3 de marzo. Era la mañana de un lunes precioso, como todos los que pasé a tu lado. Acababas de estrenar tus dos primeros años y eras como una pequeña peonza, bailarina e inquieta. Tenías el pelo del color del sol, unos ojos grandes y brillantes como las estrellas, una preciosa boca risueña y una pequeña bolita adornaba, divertida, el centro de tu bonita cara de niña feliz.

Entro en el mundo de las palabras antiguas y me traslado a aquel día en que, como tantas otras mañanas, estrenábamos el parque. Llegábamos con animadas conversaciones que ya habían empezado en casa. Normalmente, tú arrastrabas el carro verde y rojo que yo te había regalado y que iba cargado con los moldes, las palas, los cubos y otras herramientas para jugar en el cercado de arena que nos acogía cada mañana. Me encantaba verte avanzar con tu gorra verde que te protegía del sol y tu pequeño cuerpo un poco inclinado hacia delante para arrastrar el carro. Tenías un caminar muy divertido, como si fueses dando saltitos por la vida. Gesticulabas mucho al hablar y adoptabas unas expresiones con la cara que me hacían partir de risa.

Me dejo llevar por las preciosas palabras antiguas que me trasladan, suavemente, a aquel dulce momento en que las escribí…

“Lunes, día 3 de marzo de 1997... Hoy hemos bajado la bici al parque. Ahora estás haciendo figuritas con los moldes tal como te enseñé el último día. Aún no te sale muy bien, pero ya sabes que, para que te salgan las figuritas, tienes que utilizar tierra mojada. Estás muy contenta porque has hecho tú sola un payaso y una casita de arena, y así me lo dices: “Lo ha hecho María! Oh!” Estás preciosa con el chándal negro y la gorra de jardinera. Yo estoy sentada a tu lado, como todos los días, y, de vez en cuando, me pides que yo también juegue con la tierra del parque. Una mariposa de colores oscuros ha venido a jugar con nosotras.”

Han pasado dieciséis años desde aquella preciosa mañana de lunes… Tú tenías dos años y yo, treinta y tres.

Este libro está hecho de muchos trocitos de vida como este del día que bajamos tu bicicleta al parque. Son instantes maravillosamente sencillos, pequeños momentos de infinita felicidad porque, contigo, todos los pequeños momentos son grandes recuerdos.

Hoy es tu cumpleaños, María. ¡Muchas felicidades, princesa! Tu nombre, en mi vida, significa felicidad.

[i] Joan Maragall